Sísifo y el absurdo

Los que pasan por mi blog saben que me gusta escribir sobre temas mitológicos. En esos relatos, que para muchos son una mezcla de fantasía e historia, es posible encontrar diversas enseñanzas que nos ayudan a entender el comportamiento humano.

El acervo mitológico es amplio, todas las culturas antiguas desarrollaron algún tipo de mitología, era la forma en que los humanos de otros tiempos trataban de encontrar alguna explicación al misterio.

En el mundo Occidental la mitología más conocida es la Griega, es la  más difundida, la que conocen la mayoría de las personas, de la que se tienen la mayor cantidad de referencias.

A esa mitología griega pertenece la historia de Sísifo, llega a nosotros en el texto La Odisea, de Homero, un autor del que no se tiene un conocimiento exacto. La existencia del mismo Homero se sitúa entre la realidad y la leyenda.

Según Homero Sísifo fue el primer Rey de la ciudad de Éfira, perteneciente a la antigua Ciudad-Estado de Corinto, en Grecia, a medio camino entre Atenas y Esparta.

 

Homero describe a Sísifo como un personaje, ambicioso, cruel y embaucador.

Debido a que era un ambicioso desmedido, desconsiderado, y sin escrúpulos, Zeus decidió castigarlo. La misión se la encargó a Tanatos, el Dios de la muerte, y consistía en llevar a Sísifo al inframundo.

Pero Sísifo haciendo alarde de su habilidad logró hacer prisionero a Tanatos y lo encadenó. Entonces Zeus acudió a Ares, el Dios de la Guerra,  para que terminara la misión encomendada a Tanatos, de ese modo Sísifo fue trasladado al inframundo.

Sin embargo Sísifo se las ingenió, una vez más, para burlar las decisiones de los Dioses. Logró que le devolvieran la vida y le concedieran un permiso temporal para abandonar el inframundo con el compromiso de regresar a él. Pero hizo trampa una vez más, no cumplió su palabra, se negó a regresar. Esta última acción enojó mucho a los Dioses, quienes decidieron darle un castigo ejemplar.

El castigo consistía en empujar una gran piedra redonda desde la base de una montaña hasta su cima para, una vez allí, ver como esta caía rodando de nuevo hasta el punto de partida. Así y por el resto de la eternidad estaba condenado a subir y dejar caer la piedra. Su existencia pasó a ser un absurdo total.

La condena de Sísifo ha sido motivo de interpretación, sobre todo por los existencialistas del siglo XX.

Un pensador moderno Albert Camus, tomó la historia de Sísifo para plantearse una serie de reflexiones sobre el sentido de la existencia.

Para Camus, la principal cuestión filosófica que hay que plantearse es: ¿Qué cosas de la vida hacen que merezca la pena ser vivida? ¿El placer por ejemplo? El placer circunstancial puede darnos una distracción momentánea, pero a la larga no nos da un sentido para que nuestras vidas tengan algún valor. ¿Entonces qué? Lo que sí le daría valor a la vida y haría que esta valiera la pena vivirla, es lograr que nuestras acciones cobren sentido en el marco de un proyecto vital.

Según Camus, ese proyecto con el que lograríamos darle algún sentido a nuestras existencias es una responsabilidad de cada quién, no hay forma de delegarlo a otro. De este modo, con una meta clara entre las manos,  tendríamos muchas oportunidades de evitarnos una vida como la de Sísifo. Sin estar repitiendo cada día de forma rutinaria, automática, robotizada, unas acciones a las que al final no les vemos ningún sentido. De vez en cuando vale la pena hacer un alto en el camino y preguntarnos: ¡¿para qué todo esto?!

Gracias por su tiempo.

Imagen portada I

 

 

 

 

 

 

 

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