Edición # 4 de #juegos-electrodo/ Monseñor Rafael Arias Blanco

 

En el año de 1948 se produjo un golpe de Estado contra el entonces presidente Rómulo Gallegos, como consecuencia de ello se instauró una junta militar que fue estableciendo un gobierno dictatorial y en la que destacaba la figura de Marcos Pérez Jiménez, quien estuvo al mando del gobierno, directa o indirectamente, hasta el año cuando fue derrocado, 1958.

Hay quienes reivindican ese gobierno dictatorial, destacan las grandes inversiones que se hicieron en obras públicas y el asunto de la seguridad, lo que no mencionan es que ambos logros se consiguieron en un contexto caracterizado por una fuerte corrupción, una feroz represión y una violación sistemática de los derechos humanos. Para la delincuencia prácticamente existía la pena de muerte.

Entre los tantos que se opusieron frontalmente a la dictadura estaba un cura nacido en la Guaira el 18 de febrero de 1906, Rafael Arias Blanco, quién llegó a ser Arzobispo de Caracas.

A temprana edad el monseñor conoció el infortunio, quedó huérfano a los seis años, por lo que fue criado por sus tías paternas, tres mujeres que se entregaron con dedicación a la crianza del niño.

La vocación sacerdotal también le vino pronto. A los 11 años sintió la llamada del Señor en su corazón y pidió que lo internaran en el  Seminario Metropolitano de Caracas, ingresó el 17 de enero de 1917. Luego de culminado sus estudios recibió las órdenes menores en 1925. Continuó su formación en la Universidad Gregoriana de Roma, el 22 de diciembre de 1928 recibió la orden sacerdotal.

Prestó sus servicios sacerdotales en buena parte del país. Guatire, Villa de Cura, Cumaná, San Cristobal, conocieron el ejercicio de su magisterio.

Una de sus grandes obras fue la fundación del secretariado de acción social, Cháritas, una organización de ayuda que sirvió como antecedente de la actual  Caritas, fundada por la conferencia episcopal venezolana en 1997. En la actualidad Caritas presta una ayuda fundamental en el suministro de medicinas para los más necesitados.

Pero el acontecimiento por el que los venezolanos recuerdan más a Monseñor Arias Blanco, y por el que pasó a la historia, fue la famosa carta pastoral leída en toda Venezuela, el primero de mayo de 1957. En la Venezuela de entonces, donde casi la totalidad de la población eran creyentes católicos, con una gran asistencia a los oficios religiosos. El documento leído sirvió para desenmascarar la realidad de la dictadura y fijar el compromiso con la lucha del pueblo.

La carta no proponía un cambio de gobierno ni mucho menos, se limitaba a expresar su incorfomidad por las contradicciones generadas en un país donde los grandes ingresos petroleros no se correspondían con el bajo nivel de vida de la población obrera. También mencionaba los aspectos relacionados con la fuerte corrupción administrativa y por los atropellos que sufría el pueblo, debido a  la feroz represión desatada, sobre todo por la temible Seguridad Nacional, un cuerpo de policía política que actuaba al márgen de la ley.

Como consecuencia de la carta pastoral, el Monseñor fue amenazado directamente con llevarlo a la cárcel por el Ministro del Interior Laureano Vallenilla. El padre no cedió a la intimidación, mantuvo su postura de que nada de lo que denunciaba en la carta era falso, que su obligación estaba en acompañar al pueblo sufrido. A partir de ese momento el enfrentamiento de la iglesia contra el gobierno fue frontal. La pastoral sirvió como el disparador de la rebelión del pueblo católico contra la dictadura.

Un hito en esa lucha de la iglesia venezolana contra la dictadura lo marcó Monseñor Jesús María Pellín, un cura nacido en Caracas en 1892. Monseñor Pellín fue mucho más lejos que Arias Blanco, desde su posición como director del diario católico la Religión, desplegó una campaña de denuncia y concientización en impecables editoriales. Llegó a establecer contacto directo con Fabricio Ojeda, representante de la Junta Patriótica, una coalición de fuerzas políticas que luchó contra la dictadura, hasta conseguir su triunfo el 23 de enero de 1958, cuando huyó el dictador.

Como consecuencia de sus escritos Monseñor Pellín fue puesto preso y al final fue expulsado del país.

Una excelente crónica escrita en 1958, por Gabriel García Marquez, narra estas luchas de la iglesia católica venezolana en los tiempos de la dictadura, la pueden conseguir aquí. aquí.

Este ha sido mi aporte para el concurso propuesto por el amigo @electrodo en su cuarta edición, una excelente iniciativa para dar a conocer nuestros valores.

Gracias por su tiempo.  I  II  III

Fuente de las imàgenes

 

 

 

 

 

 

 

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