Divagancias #2

 

Siempre me han llamado la atención los asuntos de la mente. Ese enigma que hay detrás de cada flujo de pensamiento, esa posibilidad de viajar en el tiempo en cuestión de instantes, de poder evocar las cosas más disímiles, cruzarlas, desordenarlas, volverlas a ordenar, cortarlas, dejarlas suspendidas…

Ahora mismo estoy componiendo este texto, porque hace pocos minutos llegué de la calle, estaba caminando como suelo hacer cada tarde. Hoy en particular el cielo estaba bastante nublado, comienza la temporada de lluvia. En mí ciudad se nota el cambio inmediatamente: baja la temperatura y reverdece el paisaje.

Voy caminando, concentrado en una nube, disfrutando de ese leve movimiento que las hace dibujarse y desdibujarse en las formas más extrañas. Viendo unas figuras que solo están porque mi mente quiere darles algún orden, encontrarles algún parecido con cualquier cosa que yo haya conocido, porque en realidad ellas son solamente un gran cúmulo de partículas de vapor de agua.

Pero así funciona nuestra mente nos mantiene todo el tiempo vagando entre la realidad y el espejismo, porque así como vemos formas en el cielo, también vemos fantasmas en las calles…

Cada vez me ocurre con más frecuencia, que veo alguna espalda, un cabello, una nariz, unos hombros, unos gestos y tengo que hacer grandes esfuerzos para convencerme que no es el que yo creo que es, bien sea porque se ha ido, porque pertenece a un recuerdo del pasado o porque sencillamente es imposible que esté aquí, son ilusiones que me llegan por algún motivo incierto, quizás por necesidades afectivas o por alguna otra cosa desconocida.

Voy caminando concentrado en esa nube y de pronto me asalta un flujo de pensamientos. No es posible saber cuál es el disparador, cuál estímulo da la orden, por quién son convocados, qué hizo que fuesen esos en particular los que llenan el espacio mental. El origen de la desbandada puede estar en cualquier detalle, quizás algún olor de la calle, alguna hoja movida por el viento, qué sé yo, cualquier cosa…

El caso es que hay algo que echa andar el misterio de las asociaciones para que miles de células empiecen a desempolvar relaciones, a bombardearme con recuerdos de todo tipo, de todos los tiempos, que saltan de aquí a allá, que se detienen o caminan raudamente, es un verdadero caos que poco a poco encuentra orden y jerarquía, o no.

Pensar en ese misterio entretiene una buena parte de mi tiempo, no creo que lleguemos a develarlo. Desde hace mucho me he decidido por la humildad, no tengo problemas en reconocer que hay misterios que escapan del entendimiento humano, como este del origen de los pensamientos, sobre cómo surgen, cómo se desbordan, cómo se organizan, en fin…

No atino a imaginarme ninguna razón por la que el creador quisiera ponernos la mente de ese modo. ¿Quizás para retarnos a buscar eternamente alguna explicación?

Gracias por su tiempo.

Fuente de las imágenes. I

 

 

 

 

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