Epicuro. La Moderación

 

Hacia el 341 antes de nuestra era el declive  de las poderosas Ciudades Estado griegas era indetenible. Problemas económicos, guerras internas y la falta de coordinación de un poder que las unificará las fueron debilitando. Poco pudieron hacer estas Ciudades para oponerse a las ansias expansivas de un conquistador que venía de Macedonia, Alejandro Magno.

En ese ambiente decadente, en una pequeña colonia militar de la isla de Samos, viene al mundo un pensador que va a ofrecer un conjunto de ideas opuestas a lo que planteaban los grandes de la filosofía, Epicuro.

Epicuro no buscó como Aristóteles y Platón la verdad última, su planteamiento era menos ambicioso, no por ello de menor profundidad. Se enfocó en darle a sus ideas un uso práctico, que sirvieran para el buen vivir; quizás por eso, por no lanzar su pensamiento a los altos niveles de la abstracción,  fue menos aceptado que otros. Sin embargo, en los tiempos modernos ese pensamiento, que pone la atención en la centralidad del cuerpo, ha sido recuperado.

En muchos aspectos Epicuro fue un renovador. Se reunía con sus seguidores en el patio de su casa. Ese lugar de encuentro con sus discípulos ha sido conocido históricamente como “El Jardín”.

En “El Jardín” de Epicuro se daba una situación poco común para su tiempo, allí convergían todo tipo de personas. En ese espacio de estudio y convivencia era posible ver a los ciudadanos pero también a los esclavos, no había restricciones de ningún tipo, era un verdadero lugar democràtico. Creía este pensador que el ejercicio de la filosofía tenía que ser una invitación amplia, donde todos tenían cabida.

Otra de las novedades del famoso “Jardín” era la presencia de las mujeres. En todo el período de la época clásica el pensamiento filosófico era mayoritariamente un asunto de hombres, muy pocas mujeres se acercaban a las discusiones de los pensadores, muy pocas eran discípulas de alguno de los grandes filósofos. Por eso Epicuro al decidir la incorporación de las mujeres para sus actividades  rompió  con muchos paradigmas de su época.

El “Jardín” era un espacio de convivencia. En la concepción epicureana la filosofía y la vida eran inseparables. La filosofía había que vivirla, de allí que los epicúreos vivieran en comunidad. La comuna de Epicuro fue precursora de una idea que posteriormente tomó el cristianismo, la de las comunidades religiosas.

La sociedad Ateniense no veía con buenos ojos esa propuesta inclusiva para el ejercicio de la filosofía. Desde el principio fue blanco de las críticas, una de las formas de desprestigiarla era mediante el juicio moral: tanto el maestro como sus discípulos fueran vistos como gente descarriada.

Es muy fecundo el pensamiento de Epicuro. Entre las tantas ideas que pueden motivarnos la reflexión está su concepción de la moderación, todo debe tener alguna medida. Aún cuando es  saludable para el alma y para el cuerpo la búsqueda del placer, porque es una parte importante de la felicidad, no debemos caer en los excesos. Por ejemplo, no es saludable comer hasta reventarse, ni mucho menos tomar hasta caer en la inconsciencia por los efectos del alcohol. Hay situaciones de alto riesgo en las que la actividad sexual puede resultar inconveniente, en fin…

La moderación implica no ser esclavo del placer, es poder decidir cuál es la dosis adecuada. Cada quien debe ser el dueño de sus propios límites. Cada quien sabe hasta dónde llega. En este sentido la moral de Epicuro se basa en la convicción y no en la obediencia.

En la obediencia la regla viene de fuera de nosotros, en cambio,  la moderación es un ejercicio de la propia voluntad, es la clara conciencia personal la que impone el límite.

Para la mayoría de las personas parece ser más fácil obedecer. Es más cómodo dejar la fijación de los límites a un tercero, eso como que exime de responsabilidad y alivia la conciencia cuando se comete la falta. Total, si la regla la puso otro algún defecto debe tener, pensará una buena parte de la gente.

Epicuro es un autor poco conocido que tiene muchas ideas interesantes sobre asuntos cotidianos de la convivencia. Un autor con el que siempre podemos conseguir grandes reflexiones. Aquí les dejo algo de su producción.

Gracias por su tiempo.

Los textos citados son Exhortaciones de Epicuro.

Fuente de la imagen de portada. I

 

 

 

 

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