La lucha por los derechos femeninos

 

En la historia de la humanidad figura el siglo XX como un tiempo paradójico. Paralelo a un gran desarrollo de la ciencia y la tecnología se cometieron grandes genocidios. La población mundial logró un gran crecimiento por las mejoras en su calidad de vida y al mismo tiempo se crearon enormes problemas ambientales.

Pero un asunto que no se puede negar es el gran impulso que cobraron, en esa centuria paradójica, los derechos de las personas.

Con la declaración de los Derechos Humanos de 1948 se abrió la posibilidad de que todos los habitantes del planeta gozaran de un trato respetuoso y digno. Uno de los principios establecidos en esa especie de gran Carta Magna fue el de cero discriminaciones, nadie puede valer menos que otro por asuntos de sexo, raza, o creencia.

Claro, una cosa son los instrumentos legales y otras las normas culturales. Cambiar la ley es relativamente fácil, pero cambiar una creencia es mucho más complicado. Sin embargo, con la ley en la mano es mucho más factible hacer que la costumbre se vaya adaptando.

Esa diferencia entre la norma legal y la práctica cultural se puede apreciar claramente en la situación de la mujer.

Es innegable que el avance de los derechos femeninos ha sido notable en los últimos ochenta años.  Sin embargo, hay muchas sociedades, sobre todo en el hemisferio Oriental, donde todavía se mantienen prácticas que alejan a la mujer del disfrute de todos los derechos de la sociedad.

En Occidente es probable que se haya avanzado mucho más. En la mayoría de nuestros países es frecuente que la mujer haga las mismas actividades que el hombre, tenga la posibilidad de estudiar las mismas carreras y pueda desarrollarse plenamente sin más limitaciones que las decididas por cada quien.

En nuestro tiempo es común ver mujeres al frente de grandes empresas transnacionales y dirigiendo la política de sus países.

Pero hay áreas donde todavía sigue habiendo diferencias significativas, esto lo vemos por ejemplo en los niveles de sueldos que hay en el mundo del espectáculo y el mundo del deporte.

En radio, cine y TV los mayores sueldos los reciben los hombres; las locutoras y actrices reciben unas bonificaciones muy por debajo de las que reciben sus pares masculinos. Este reclamo lo han librado las mujeres con un éxito relativamente modesto.  Nadie sabe a ciencia cierta por cuál motivo el sueldo de un actor debe ser superior al de la actriz.

En el caso del deporte las diferencias son mucho más acentuadas. Cualquier deportista femenina en tenis, fútbol, básquet o béisbol, recibe mucho menos que un equivalente masculino. Aquí la explicación para las diferencias está un poco más clara, el argumento es que los hombres movilizan más espectadores a los espectáculos deportivos.  En la mentalidad de la cultura parece ser muy fuerte la idea de que el deporte es cosa de hombres.

Pero algunas cosas van cambiando lentamente. En días recientes terminó el mundial de fútbol femenino. La crítica mundial ha aclamado el alto nivel de las atletas.

Las campeonas mundiales fueron las estadounidenses; con ese aval de campeonas mundiales han vuelto a solicitar la reconsideración de sus sueldos. El argumento que esgrimen es más que valedero, ellas son campeonas mundiales mientras que el equipo masculino ni siquiera se pudo clasificar al mundial pasado.

El asunto sigue su rumbo, pueda ser que no logren el mismo pago que los varones pero seguro que sí van a conseguir un aumento significativo y una mayor participación en todo el negocio que prospera alrededor del juego.

El cumplimiento de los derechos es un asunto que lamentablemente no llega de modo automático, en algunos casos se requiere mucha lucha y dedicación para lograr que se cumpla lo que está convenido en un papel.

Gracias por su tiempo.

Fuente de imagen. I

 

 

 

 

 

 

 

 

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