La responsabilidad de pensar

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¿Tiene alguna importancia mi mirada de la realidad? ¿Para qué? ¿Para quién? Estas interrogantes vienen a  mi  mente luego de leer un comentario dejado por  un lector de mis escritos.

El autor del comentario pone en cuestión mi interpretación de la realidad, argumenta que no tengo elementos para generalizar a partir de mi experiencia particular, comparto que hay razón en ello, generalizar a partir de un dato siempre comportará riesgos. Sin embargo, mi interlocutor basa su cuestionamiento  en el contenido de su apreciación. Es su parecer contra el mío.  Me acusa de hacer lo mismo que él está haciendo.

Sin embargo, hay algo que lo lleva a pensar que su criterio tiene mayor validez, que yo estoy en el error. ¿En razón de qué llega a esa conclusión? Pues no sé, especulo que quizá sea porque siente  que su pensamiento es igual al de los que detentan el poder, los que marcan la referencia de lo que es verdad. Pueda ser que él también se sienta poderoso y por eso considera que su forma de ver la realidad es la que vale.

Este tipo de situaciones siempre va a estar presente en cualquier interpretación humana. Nuestra forma de ver la realidad siempre será subjetiva, siempre será personal, siempre estará sujeta a discusión.

El problema  no es la diferencia de pareceres, lo que es normal y lógico. El problema es que alguien pretenda que la única visión valedera es la suya  y que los demás debemos plegarnos a ella, así, porque sí, porque le parece que sus argumentos son los definitivos y los demás solo podemos errar.

A ese tipo de pensamiento le doy un nombre: totalitario.

En el pensamiento totalitario no hay espacio para la discusión y el debate. Por su naturaleza está negado al consenso como camino lógico para llegar a algún acuerdo, es un pensamiento de la aniquilación, no de la convivencia.

Entiendo que ante una propuesta como esa quizás lo prudente sea callar, pero esa no es la única opción.

Hay veces en que  uno decide dejar de lado la prudencia, en que se atreve a decir en contravía que no es verdad, que no es como siguen repitiendo, que es falso que el rey este vestido, que en realidad está muy desnudo, que un dedo no es suficiente para tapar su desnudez.

Pueda ser que esa palabra desacostumbrada abra alguna brecha, ayude a caer algunas vendas, facilite el encuentro con la reflexión.

Desde siempre pensar ha sido un acto inconveniente y subversivo, a los poderosos y mandones les incomoda sobre manera que los otros reflexionen, que le lleven la contraria, que le señalen los errores, pero pensar puede llegar a ser tan vital como el aire.

El pensador siempre estará tentado a poner coto al silencio, a cruzar la línea, a no dejarse enclaustrar, por eso necesitamos tanto la libertad, para no dejar de pensar.

Gracias por su tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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