¿Crearse una burbuja?

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¿Es conveniente aislarse un poco? Ese tema lo discutía con un amigo. Él consideraba un gesto egoísta todas esas propuestas basadas en ubicarse en el lado bueno de la realidad. Su planteamiento me llamó la atención.

Uno no decide cuáles son las condiciones del entorno, de pronto vives en un país donde se desata la conflictividad, donde el día a día se convierte en una tormenta permanente, donde sientes que cada decisión que tomas se estrella contra alguna dificultad.

Empiezas a vivir situaciones que no se inventan sino que son reales, porque es verdad que no consigues alimentos o medicinas, que el empleo escasea, que te suspenden el internet o el servicio eléctrico, que el nivel adquisitivo de los ingresos se vuelve ridículo. Circunstancias que golpean duro la existencia.

Sin embargo, tenemos que seguir viviendo con todas esos puntos en contra. ¿Cómo hacer? ¿Cómo seguir adelante?

Aquí es donde me parece legítimo asumir las recomendaciones de eso que se ha dado en llamar la psicología positiva, una propuesta que por cierto no es una creación original de  nuestros tiempos. Ya en la antigüedad pensadores como Séneca o Epicuro, se ocupaban de dar ideas sobre como no preocuparnos de más y sobre la inutilidad de prestarle atención a ciertos pensamientos.

En entornos tan difíciles es necesario afinar la mirada selectiva para centrarnos en el lado bueno de la realidad. Siempre lo hay, fuera o dentro de nosotros. Es cuestión de fijarse bien, de prestar atención a los detalles y a las situaciones que consideramos naturales.

Podemos encontrar fortaleza en nuestras familias, en nuestros amigos, en nuestras capacidades, en la naturaleza que nos rodea. Si estamos absolutamente solos pues mirémonos al espejo, allí hay una persona con la que contar.

Crearnos una burbuja es una estrategia de sobrevivencia, legítima y necesaria  para poder preservarnos, para resguardar nuestra integridad.

La burbuja la construimos centrándonos en el instante, aprovechando cada momento y viviendo en él con la mayor intensidad. El instante tiene la magia de protegernos de  esa manía perniciosa de mantener el pensamiento oscilando entre el pasado y el futuro, una práctica que solo sirve para consumir energía.

En la antiquísima sabiduría del pensamiento Zen se insiste en mantenernos apegados al momento, al presente, al ahora, es lo que realmente existe.

El pasado y el presente  solo son ilusiones. El pasado es irrecuperable, volvemos a él en versiones de nuestras fantasías. El futuro pues sencillamente puede ser pura especulación, pertenece a una dimensión desconocida.

Puede ser que mi amigo al leer esto me tilde de egoísta, en algo tendrá razón. Pero pienso que si no logro preservarme es muy difícil que pueda encontrar la energía necesaria para poder prestar alguna ayuda a los demás.

Gracias por su tiempo.

 

 

 

 

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