Primo Levi. No olvidar

 

Hay quienes dicen que solo los humanos nos golpeamos dos veces con la misma piedra, esto a pesar de contar con una memoria prodigiosa capaz de recordar con nitidez cada detalle del camino.

Guardar los recuerdos no es garantía para prevenirnos de cometer el mismo error. A veces nada nos libra de volver a darnos el  tortazo; por muy grande que sea la piedra nos enfilamos hacia ella y experimentamos el mismo dolor luego de estrellarnos por segunda y hasta por tercera vez…

Quizás el problema de esa reincidencia no tenga nada que ver con la memoria, sino con algún tipo de incredulidad que nos hace pensar que lo ya pasado no volverá a suceder.

Primo Levi vivió hasta el último de sus días con esa angustia. Asumió la tarea de alertarnos. Pensaba que era responsabilidad suya evitarnos volver a vivir el horror. Por eso desde que pudo volver a Italia como sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz-Monowitz, no parò de contar sus historia por todos los medios a quien quisiera escucharla.

Este 31 de julio se cumplieron 100 años del nacimiento de este imprescindible escritor italiano.

Apenas iniciaba sus veinte años cuando fue deportado a Auschwitz, corrìa el año 1944 y el fin de la guerra estaba cerca, quizás por eso pudo ser uno de los pocos sobrevivientes del Holocausto.

En el año 1947, cuando apenas tenía un año de haber vuelto a Italia publicó el primer tomo de lo que posteriormente sería una trilogía. Este primer libro testimonial lo tituló: “Si esto es un hombre”. Aquí, en esta obra, narra sus vivencias como prisionero del campo de exterminio, su impecable memoria juvenil guardó los detalles más terribles de su descenso a los infiernos.

Pero la obra de Levi, a pesar de ser bastante cruda, no busca efectos sensibleros o efectistas. Su intención es explorar  el desconcierto que significa ser testigo de la ilimitada capacidad humana de hacer mal. No podía entender Levi por qué personas comunes y corrientes podían transformarse en máquinas de matar, cómo alguien  que era padre, esposo o hijo, podía ser al mismo tiempo un verdugo criminal.

Otros de los temas en la obra de Levi son la culpa y la vergüenza. Mucho le costó vivir sintiendo que en alguna medida él también había sido parte de lo que llamó “la zona gris”.

Ese concepto lo creó  Levi para referirse a todos  los que, sin ser verdugos, habían tenido alguna colaboración  con la misma gente que los destruía. Él, por ejemplo, ofreció sus conocimientos como químico para una actividad útil a los nazis, lo que sin duda le ayudó a conservar la vida.

En la obra de Levi están muy presentes los problemas ocasionados por el quiebre de la moral. El ser humano arrinconado y obligado a luchar por la sobrevivencia es capaz de situarse en las fronteras de la animalidad. Ser testigo de semejantes  actos de barbarie deja  huellas imborrables en cualquier persona. Para muchos una carga insufrible.

Quizás ni él mismo pudo sobrevivir a todos esos recuerdos que atormentaban su mente. En el año 1987, cuando tenía 67 años, murió en circunstancias un poco extrañas, cayó por el hueco de las escaleras de su vivienda ubicada en el tercer piso de una casa italiana. Por ese tiempo las personas cercanas al autor comentaron que era presa de la depresión, por lo que para muchos su muerte fue un suicidio.

Han pasado casi ochenta años desde los tiempos del Holocausto, pocos testigos siguen vivos. Nos quedan los testimonios recogidos en abundantes bibliografías y material audiovisual. Las nuevas generaciones no pueden olvidar esos tiempos. La memoria debe servir para no volvernos a golpear con la misma piedra.

Fuente de imagen. I

 

 

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