El reto de perdonar

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El peor momento en la historia de un pueblo es cuando un grupo decide someter a otro, cuando se alteran las reglas de la sana convivencia para imponer una manera de vivir, cuando el respeto al otro deja de tener sentido. En esos momentos se producen fracturas importantes en el tejido social. De pronto los que han sido hermanos, vecinos o amigos, comienzan a mirarse con recelo, con desconfianza, hasta romper la relación que antes los había unido. Personas que habían estado acostumbradas a vivir en cordialidad y armonía se convierten en enemigos.

Mientras más dure esta situación de sometimiento mayores serán las fracturas producidas, mayor la dificultad de volver a encontrar el camino de la convivencia civilizada.

En Venezuela llevamos veinte años con una experiencia de ese tipo, un experimento social que cambió profundamente la forma en que nos habíamos relacionado, en este tiempo todo nuestro mundo se ha visto trastocado. Pasamos de ser un país donde era fácil encontrar alguna promesa de futuro a ser un territorio de desesperanza donde la gente huye despavorida, tratando de salvarse de un presente que amenaza con desaparecerlos.

A lo largo de estos años hemos tenido demasiadas muertes innecesarias, producidas por la violencia o por la falta de condiciones para atender alguna enfermedad. El hambre se convirtió en una cruel invitada en la mesa de nuestros hogares. Son millones los que han partido dejando atrás todo lo que habían construido y rompiendo de modo irremediable la unión de las familias. Vivimos con el afecto disminuido, condenados a la añoranza.


Todos sabemos que el causante de estos males tiene nombre: “chavismo”.

Nunca sabremos qué hubiese sido de nosotros como país, como sociedad, si este proyecto retrogrado y malvado no nos hubiese llegado. Pero lo dejamos pasar, lo dejamos instalarse, no supimos encontrar la manera de pararlo a tiempo. Ahora vivimos las consecuencias de esa terrible equivocación.

Pero “todo tiene su final, nada dura para siempre” y el chavismo llegará a su fin, esperemos que pronto.

Nos toca entonces prepararnos para un tiempo distinto, cuando el chavismo haya sido derrotado, cuando ya no tengan el poder de seguir su plan de destrucción. Un tiempo en el que tendremos que convivir con los que nos destrozaron la vida. Tenemos que aprender a vivir con los que nos hicieron daño, no puede ser de otro modo, es la mejor alternativa.

Tenemos que aceptar que sería una terrible equivocación ─otra─ hacer lo mismo que ellos hicieron. No podemos convertirnos en verdugos, eso sería terrible, sería peor. La venganza no puede ser la base para comenzar una nueva convivencia.

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En los tiempos que vienen toca una tarea bien difícil, convencer y convencernos de la necesidad de llegar al perdón. No es fácil aceptar que debemos abrirle espacio a los que se empeñaron en cerrárnoslo. Sin embargo, es lo más sano. No podemos avanzar como sociedad si no contamos con todos los que estamos, si no nos integramos. Una meta necesaria es volver a mirarnos como hermanos.

Gracias por su tiempo.

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