Un andino universal

 

El 15 de octubre de 1937 el escritor argentino, Robert Arlt,  publica una nota en el diario El Mundo de Buenos Aires donde  se preguntaba: “¿Por qué se recuerda a Lawrence de Arabia y se olvida  a  Nogales?  Los  dos  han  sido  temerariamente aventureros, los dos han trabajado con las manos  tintas  en  sangre.

Se refería Arlt a dos personajes que tuvieron actuaciones destacadas en el mismo momento histórico. Uno, Thomas Edward Lawrence,  mundialmente conocido como “Lawrence de Arabia”,  un militar, arqueólogo y escritor inglés, quien llegó a ser oficial del  Ejército británico durante la Primera Guerra Mundial, en la que desempeñó un notable papel como enlace durante la rebelión árabe contra el dominio otomano y quien fue inmortalizado en un film del año 1962, ganador del Oscar y protagonizado por Peter O Toole.

El otro personaje a quien Arlt hace referencia  en esa nota de  prensa  es poco conocido, un olvidado de la historia, es el venezolano Rafael  De Nogales Méndez, nacido en San Cristóbal, Venezuela, el 14 de Octubre de 1877.

Para el momento en que nace  De Nogales, San Cristóbal es una ciudad que disfrutaba de cierta bonanza económica debido a la floreciente exportación de café. Su padre fue un militar que participó en la Guerra de Independencia y tenía tratos comerciales con las compañías alemanas que se encargaban de llevar el producto a Europa.

Aprovechando esos contactos la familia  se traslada a Alemania cuando él contaba con 7 años de edad, allí recibe una educación de primera, en los mejores colegios del momento , siempre fue un alumno aventajado y cuando apenas era un adolescente ya  era políglota, hablaba Alemán, Francés e Italiano, más adelante dominaría el Árabe y el Chino.

El joven Rafael mostró una inquietud inusitada; casi niño regresó a Venezuela y participó junto a Cipriano Castro en la revolución que condujo a los andinos al poder (1899). Sin embargo, por mostrar su desacuerdo en la forma en que Castro conducía el gobierno fue enviado al exilio.

A partir de ese momento comenzó su travesía de incansable aventurero mundial. Su primera participación en conflictos internacionales fue en la guerra que se libraba entre España y los Estados Unidos, por las últimas posesiones del extinto imperio español en América, allí participó como oficial de la armada española.

Al comienzo de la primera Guerra Mundial se traslado a Europa, ofreció sus servicios militares a diferentes países como Alemania, Francia y Dinamarca pero la condición que le imponían aquellos países para formar parte de sus filas era inaceptable para De Nogales, tenía que renunciar a su nacionalidad venezolana.

En Turquía logró que lo aceptaran al servicio del imperio Otomano respetando las dos condiciones que él impuso: seguir siendo venezolano y seguir siendo católico. Allí logró ocupar los cargos de Gobernador en regiones de Arabia y Egipto.

Las vivencias de esos años las recogió en una obra llamada “Cuatro años bajo la Media Luna”, publicada en 1924. Esa obra fue uno de los testimonios que sirvieron de fundamento histórico para conocer el genocidio que hicieron las tropas turcas en contra de los armenios.

Sus andanzas lo llevaron a participar como espía en  China y Rusia. En América participó de la “fiebre del Oro” en Norteamérica y compartió con los esquimales de Alaska en la caza de ballenas. Estuvo en la revolución mexicana y luchó al lado de los nicaragüenses cuando la invasión de los Estados Unidos.

Esa capacidad de estar en diferentes lugares del mundo ha servido de base para tejer alguna historia donde lo han presentado como una suerte de James Bond de su tiempo, como un espía de talla mundial. Quizás por eso la historia ha preferido olvidarlo.

Sus últimos años los pasó en la ciudad de Panamá como representante diplomático del gobierno de Eleazar López Contreras. Su muerte ocurrió el 10 de julio de 1937 por complicaciones con una operación de garganta.

El gobierno panameño envió su cadáver en un buque italiano que hacía puerto en la Guaira, allí permaneció varias días hasta que unos periodistas caraqueños denunciaron la presencia del infortunado cuerpo. Las autoridades de Caracas lo sepultaron, sin ningún tipo de honores,  en el Cementerio General del Sur. El único reconocimiento que recibió fue una corona de flores, enviada desde Holanda por el depuesto Káiser Guillermo II.

Gracias por su tiempo.

Fuente de imágenes. I  II

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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